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sábado, 2 de marzo de 2013

No existe pensador detrás del pensamiento


No existe pensador detrás del pensamiento. El pensamiento en sí es el pensador. Si se quita el pensamiento, no hay pensador.

Estas afirmaciones con las que inicio el post chocan frontalmente con el pensamiento racionalista cartesiano al que por nuestra educación estamos acostumbrados. "Je pense, donc je suis" escribió Descartes en su francés original (cogito ergo sum): yo pienso, luego yo existo. Descartes empieza su Discurso del Método dudando de todo metódicamente y luego llega a un punto indubitable: aquel en el cual reconoce que su pensamiento sale de un punto llamado yo, sea lo que sea ese yo es indiscutible que existe y si existe algo que es el yo entonces también puede existir la realidad de la cual el yo es un subconjunto y ciertamente lo real que hace concreto al yo, esa es la base de la objetividad de la existencia. Así pues, para Descartes existe por un lado el pensamiento y por otro lado, independientemente, el pensador.

En cambio, para el budismo, ningún pensador (sujeto) puede existir "per se" independientemente del pensamiento (objeto) percibido. No existe sino el proceso del pensamiento en el que la conciencia (sujeto) percibe un pensamiento (objeto de la atención de la conciencia). Dicho proceso, como todos es impermanente e insustancial (los dos conceptos básicos del budismo). No existe en sí mismo, ni un pensador, ni un pensamiento, sino un proceso interdependiente que les relaciona a ambos temporalmente. Cuando cesa el pensamiento, obviamente cesa el pensador que no tiene pues ninguna realidad sustancial en sí mismo.

Como vemos son dos formas, dos métodos de pensar totalmente diferentes. Para el budismo el "yo" es sólo un nombre o una etiqueta que se da a la combinación de una serie de procesos físicos y mentales (los cinco agregados) que trabajan juntos y en combinación como un mecanismo psico-fisiológico. Pero no hay nada detrás de dichos procesos que pueda considerarse un ser permanente, una individualidad.

El budismo siempre ha tenido claro que el "yo" es una etiqueta pegada a ninguna parte. Es famosa la parábola de la carreta con la que Buda explicaba este concepto (en los tiempo actuales sustituir mentalmente las piezas del carro por las piezas de un coche):

El símil de la carreta

La historia más común con la que se suele explicar este concepto la contó originalmente el Buda, y compara la búsqueda de una esencia en un ser humano con la búsqueda de una esencia en un carruaje o carreta a la que empezamos a desmontar para determinar el momento exacto y preciso en el que deja de ser una carreta a la que le faltan algunas piezas para convertirse en no más que un conjunto de piezas de carreta.

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